Las heridas del alma y del corazón pesan mucho más en una persona que las del cuerpo. El ser humano siente, es vulnerable, por fuerte que quiera ser siempre se ve afectado por decepciones, frustraciones, enfados y pérdidas. Así es la vida, y es imposible escapar a su sabiduría interna, por mucho que esa sabiduría en más de una ocasión, sea opuesta a la lógica mental del ser humano.
¿Cómo sanar las heridas del alma y del corazón? ¿Cómo escapar de ese dolor que pesa dentro de ti ?
Cómo sanar el alma herida
Para poder curar el alma es importante que tomemos la responsabilidad de cuidar de uno mismo. Especialmente, cuando esas heridas pesan demasiado. En ese caso, intenta estar más tiempo solo porque las compañías excesivas pueden convertirse en ruido para tu mente, cuando necesitas mirar dentro de ti y conectar contigo. Es mejor que busques amigos con los que incluso, puedes estar en silencio. La verdadera amistad, se funda en la presencia.
La tristeza es humana y, como tal, es importante asumirla y vivirla. Además, es importante analizar las causas de la tristeza presente para poder avanzar y poner un remedio. Por ejemplo, si la causa de tu tristeza es un desamor, entonces, ha llegado el momento de romper todo contacto con esa persona que te ha roto el corazón, para ello, te recomendamos el siguiente artículo: receta para curar el mal de amores.
Cómo curar las heridas del alma con el paso del tiempo
Tomás de Aquino afirma que el tiempo todo lo cura y que, al principio, el dolor se siente más. Por tanto, aprender a esperar es la única fórmula a la hora de ir aliviando ese dolor que está en el interior y que no se va de un día para otro. Puedes leer libros porque a través de la imaginación, potencias tu propio bienestar. Cultiva la belleza a través del ejercicio de tus aficiones.
Pasa más tiempo en casa porque necesitas de un espacio de intimidad para poder estar bien y ser tú de verdad al cien por cien. Tener que hacer el esfuerzo de aparentar que estás perfectamente ante los demás, cuando no es así, puede llegar a romperte.
Para sanar las heridas del alma y del corazón no debes de huir del dolor sino que tienes que enfrentarte a él, aceptarlo y superarlo. Poner una tirita o una cortina de humo no te servirá de nada más que de retrasar o alargar el sufrimiento. Después de una decepción o de una situación mala es normal que sintamos tristeza y dolor, por tanto, tenemos que vivirlo. Forma parte de la vida.
Sanar el alma y curar el cuerpo
Una manera muy efectiva de curar las heridas del alma es centrándote en tu estado de salud físico. Hacer deporte, comer de manera equilibrada, meditar y cuidar tu cuerpo en general es una técnica para volver a equilibrar tu mente y encontrar el bienestar psicológico. De este modo, no solo sabemos cómo sanar el alma espiritualmente, si no que conseguiremos curar el cuerpo y cultivar nuestra salud.
Sanar heridas emocionales con estos consejos
Si quieres aprender cómo sanar las heridas del alma y del corazón es importante que sepamos la causa de nuestro dolor. Muchas veces, el dolor puede proceder por una relación con alguien (tanto amorosa como de amistad o familiar), por la muerte de un ser querido, por la traición de alguien, etcétera. Encontrar la causa de nuestro malestar es el primer paso para poder sanar nuestras heridas.
Además de esto, aquí te dejamos algunos consejos que te ayudarán a sanar heridas emocionales y, así, poder volver a recuperar el control:
- Acepta la herida y aprende de ella: tal y como ya te hemos indicado, no debes huir del dolor sino que tienes que mirarlo cara a cara, aceptarlo y superarlo. Esta es la única manera de que este proceso puedas superarlo de forma sana y beneficiosa para ti y tu futuro. El dolor forma parte de la vida y, por ello, debemos aprender de él y vivirlo como una etapa más de nuestra existencia.
- No te reproches nada: está claro que podrías haber hecho algo de forma diferente para no sentirte así pero ¿qué quieres hacer ahora? Nada. Recrearte en todo aquello que pudiste hacer y no hiciste no te va a aportar nada más que sufrimiento y entrar en un círculo de auto-castigo del que es muy difícil salir. Perdónate a ti mismo y continúa hacia adelante.
- Considera esta herida como crecimiento: la vida es un continuo aprendizaje, ¿verdad? Por tanto, tienes que saber que te enseñará tanto a las buenas como a las malas y, de hecho, es de los fracasos y del dolor donde más se puede aprender y conseguir una enseñanza. Las heridas del corazón pueden ser muy dolorosas, sin embargo, es importante tomárselo como una importante experiencia.
- Date tiempo: y como ya hemos dicho es importante no tener prisas por superar esta fase. Date el tiempo que necesites, no te fustigues ni te presiones. Déjate estar tranquila, curándote tus heridas y aprendiendo de lo que ha sucedido. El tiempo es el maestro en estas situaciones así que, pasito a pasito.
Frases para sanar el alma
Para ayudarte a que puedas sanar el alma y curar las heridas del corazón, a continuación vamos a darte algunas frases que podrán servirte de inspiración y ayudarte a vivir esta etapa de forma positiva y constructiva:
- Sonríe por todo lo que has aprendido y deja de llorar por lo que has perdido
- Lo esencial es invisible para los ojos, solo el corazón nos deja ver bien
- Un corazón roto es una nueva oportunidad para abrirse y recomponerse de nuevo
- Todo en esta vida es crecimiento: de las caídas se aprende mucho más que del camino
- Las grandes hazañas comportan riesgos
- Arriesgarse es de valientes
- Las personas heridas, siempre, resurgen más fuertes
- Tienes que sonreír por todo aquello que te ha sucedido y dejar de llorar porque se haya terminado
Ninguna persona herida se cura proyectando su dolor hacia los demás y mucho menos hacia las personas que quiere. Sin embargo, es posible que nos hayamos visto en esa situación a pesar de no quererla o, en un principio, no darnos cuenta de ella.
Es muy triste sentirse mal consigo mismo, pero lo es aún más llegar a ser consciente de que, como si de un mecanismo de defensa se tratase, nos estamos autoprotegiendo utilizando un instrumento perverso: tensar las relaciones con los demás. Proyectar contra ellas la frustración y le dolor que llevamos dentro porque intuimos que, nos pasemos lo que nos pasemos, nos van a perdonar.
Piensa, ¿no te arrepientes de haber alejado a alguien de tu vida por culpa de un bloqueo emocional del que no veías salida? O, ¿no es verdad que alguna vez te han hecho tanto daño que después te has cerrado por completo a personas que quizá merecían una oportunidad?
«Abre tu corazón y no tengas miedo de que te lo rompan. Los corazones rotos se curan. Los corazones protegidos acaban convertidos en piedra»
-Anónimo-
El corazón es uno de los órganos más valiosos y, entendiéndolo como la representación de nuestro centro emocional, el compañero anímico al que más tenemos que cuidar. Por eso no es sano que el corazón se cierre ya que, si lo hace, además de entrar el frío solo podremos ofrecer frío: si estamos sufriendo es beneficioso entender que tenemos un proceso terapéutico hacia el interior que, de no darse, lastima a los que están a nuestro alrededor.
El proceso de cura se produce en uno mismo
Cuando explotamos hacia el exterior de una u otra manera no lo hacemos provocados por lo que hay fuera, sino por aquello que brota de una lesión que está dentro. Imagina que nos caemos, nos hacemos una herida y la dejamos sin tapar ni limpiar, ¿qué ocurre?
En primer lugar puede infectarse, lo que costará mucho más trabajo solucionar. En segundo lugar, también podría ocurrir que alguien pasara a nuestro lado y nos rozara sin querer. En ese caso nos dolería y reaccionaríamos negativamente hacia quien nos ha tocado; sin embargo, el problema no es la persona que nos roza, sino que no hemos curado nuestra herida en el momento adecuado.
“Cada vez que alguien hiere a otra persona lo hace a partir de su propia herida. Mientras más profunda, más dañina”.
-Miguel Ángel Núñez-
El corazón necesita la aceptación de la situación que le incomoda y la mayor parte del proceso de cura radica en entender qué salidas le permiten superar lo que le hace sufrir: pararse a reflexionar acerca de esa situación que queremos dejar atrás es un acto individual que requiere mucho esfuerzo y sacrificio por nuestra parte. De no poner voluntad en ello, podrá parecer que la situación ha pasado pero en realidad seguirá estando ahí y no nos dejará caminar.
Nadie quiere vernos así, ¿por qué pagarlo con los demás?
Por otro lado, como venimos comentando, más allá de uno mismo está esa otra parte con la que a veces pagamos el sufrimiento personal. Teóricamente sería estupendo para todos que cada uno llevará presente esta idea: si quienes están conmigo lo hacen porque me quieren y son felices viéndome bien, no es justo que pague mi malhumor con ellos ni que trate de enmendar lo que me incomoda a su costa.
Aprovechando el cumpleaños del querido escritor de El principito recogemos una premisa que él dejó plasmada en su obra: aunque la reacción más primaria de cualquier animal, incluido el ser humano, sea la de fundar un cuartel de defensa tras haber sido lastimado por otro, no todas las personas quieren hacernos daño ni tienen la culpa de lo que nos pasa.
“Es una locura odiar a todas las rosas sólo porque una te pinchó. Renunciar a todos tus sueños sólo porque uno de ellos no se cumplió”
–El principito-
Evitando establecer relaciones nuevas o bloqueando con muros el acceso más íntimo a los que estaban más cerca, por ejemplo, no vamos a conseguir curarnos ni tampoco evitar del todo que lo que nos ha molestado se repita. Tampoco es útil oponerse a que nos ayuden si lo hacen de corazón ni ocultarnos el problema para creer que ha dejado de existir: pregúntate, ¿puede que te esté ocurriendo esto?
¡Mímate! Nos lo merecemos
Si tu respuesta a la pregunta interior es indecisa o afirmativa, tienes que prepararte para mimarte mucho: únicamente cuidándote, dándote otra oportunidad, escuchándote, valorándote y queriéndote, conseguirás llevar una vida feliz y en armonía con los demás.
Nos merecemos aprender a decir «no» cuando es necesario. Hay que enseñar al corazón a equivocarse, a tocar fondo y a salir a flote porque en eso consiste el equilibro emocional: en regular lo bueno y lo malo de las experiencias que nos llegan. Prueba a cambiar la regla del título: si cuidamos a los demás, nos cuidaremos a nosotros mismos; pero en ningún momento debemos dejar de cuidarnos.
Herir porque alguien nos hirió es un mal comportamiento que no soluciona nada. Recuerda que un corazón que no sabe qué hacer con su dolor y que en lugar de curar ataca, solo termina haciéndose más daño.
By Psicología-Online